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El ratón, el gato, el perro y el león y su Guerra del Oriente!

Enviado por Sergio Povea Sáez el 25/01/2009 a las 12:11 AM
Sergio Povea Sáez

Si hay una cosa a la que le temo más que a la crisis económicas, en cuanto a la humanidad se refiere, es al conflicto palestino-israelí. No pretendo ser un experto ni lejanamente entendido en los vericuetos de tan intrincado y eternizado drama. Soy un pobre espectador atemorizado que, por razones que mi entendimiento desconoce, mantiene una blog de opinión, y por consiguiente se puede dar el lujo de opinar a destajo de lo que se le dé la gana.

 

Así planteado el asunto, conmino a todos aquellos que van de “Ebensperger” por la vida, a olvidar su indignación frente a mi puerilidad al momento de leer estas líneas, o pasarse directamente al horóscopo, que para mí tiene más certezas que yo frente a la existencia y a la Franja de Gaza.

 


Y como en inventar no hay engaño, me voy a tomar la libertad de contar mi versión de esta historia con animalitos. Para mí el asunto es así: hay un ratón, un gato, un perro y un león. Y un pedazo de tierra que es un queso. A estas alturas, y de tan bombardeado, un gruyère. El ratón, que vienen siendo los palestinos, quiere su pedacito de queso. El gato, que serían los israelíes, quiere comerse al ratón. El perro, que es el mundo árabe con potencias de la talla de un Irán, se quiere zampar al gato; y el león, que pretende ser el rey de la selva, el que pone orden, pero en el fondo se los quiere embuchar a todos, sería EE.UU. Demás está decir que la cosa felina del león lo hace estar un poquito, si no del todo, más cargado al salvataje del gato.

 


Así más o menos se plantea este ecosistema. El problema es que no se sostiene. Demasiada verticalidad entre las especies sólo los puede llevar a la destrucción total. Más que ecosistema vendría siendo una tremendamente sangrienta cadena alimenticia. Lo primero que surge a la vista es que el ratón lleva las de perder. En este mismo minuto los están sacando a pedazos de sus madrigueras. Y a los ratones, que no son lagartijas, no les crecen brazos, ni piernas, ni cabeza sobre los hombros. Hay que agregar también que el ratón tampoco ha sido tierno como el chef de Ratatouille. Sus incursiones sobre la población de judíos han sido más parecidas al ladilleo de Jerry que no es ni tan inofensivo. Lo que sí hay es una desproporción inmensa. Mientras los ratones juegan con unos fuegos artificiales bastante charchas, que acá no pasarían ni un control del Sesma, los gatos les meten Exocets por las ventanas.

 


Y vamos escalando porque, por su parte, los gatos viven igual con el miedo de que una bombita cargada de champiñones gigantes importada desde Irán los vuele de la faz de la Tierra, mientras los perros iraníes esperan con arábiga paciencia a que el león (EE.UU.) haga lo propio con ellos, o se les instale una temporada de esas que le gusta pasar en el barrio cada vez que le parece que se puso negra la cosa. Y cuando digo negra la cosa, no me refiero a otra cosa que al pestilente petróleo. Porque bien sabemos que lo que le importa a EE.UU. no es cómo se reparte el queso, sino más bien quién se queda con el pan negro. El asunto es de nunca acabar o de acabar muy mal.


Me voy a saltar la parte histórica de los animalitos, de quién llegó primero, se ha portado peor o rompió la enésima tregua. A estas alturas, da un poco lo mismo. Tampoco voy a empezar con la ridiculez de esta pelea entre hermanos, ni a decir que tan sólo cientos de generaciones atrás, gatos y ratones eran el mismo animal. El problema hay que solucionarlo a la antigua. Como el papá y los niños peleando.

 

“¡Me da lo mismo quién comenzó! La cortan ya, o se van castigados. ¡Cada uno para su pieza!” (claro que habría que repartir bien las piezas y se complica todo otra vez). Bueno, algo así. El gran tema es que todas esas tratativas del rey león de poner orden tipo Camp David, aunque suenen tan bonitas, nunca funcionan. Porque a la hora de la verdad, al leoncito le gusta más el gato, y juntos se arreglan los bigotes. Poco ecuánime el árbitro. Y por eso es que tenemos que intervenir.

 

Primero, hay que sacar a EE.UU. de la ecuación. No se puede ser juez y parte. Es el resto del mundo unido, el que tiene que velar por el orden en la Franja de Gaza. Y ponerse firme con ambos. Se callan y se portan bien. O los castigamos. Si se portan como niños se les trata como tal. O se van a hacer bolsa.

 

Insisto, la crisis económica no nos va a matar. En cambio, una escalada de dimensiones en esta zona nos puede llevar al ocaso a toditos los animales. Ni el jaguar chilensis se salva. ¿Y el jaguar, a todo esto, de qué lado creen que está? A mí me da la sensación de que más allá de sus palabras de buena crianza, y un discurso pro-débil (o sea, pro-palestino), el jaguar se hace el loco. Que en la práctica es lo mismo que seguir al león. O sea, al gato. Miau. Sí, miau.

 

Saludos a Todos

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Quien es Sergio Povea?

Tengo 22 años, Signo Acuario, Me considero alguien Razonal, Eufórico, Hiperactivo, Positivo, Romántico, Creativo, Rayado, Futurista, Luchador, Terco, Orgulloso, Y Creyente como pocos en el Mundo...

Me Desarollo como Director Creativo en Arte, Diseño y ahora Comun. Audiovisual, con Buenos estudios y experiencias en El Ambito de las Artes Visuales y el Diseño.

Aquí empieza mi Carrera!!

Director de Goin Entertainment y Comunicador Audiovisual.

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