Obama anunció que lo usaba y el mundo enloqueció con esta suerte de beeper posmoderno.
Piñera, Frei y Enríquez-Ominami dicen estar conectados las 24 horas, aunque no contestaron los mensajes que les dejó un twittero encubierto. ¿Qué tiene esta red que la hace irresistible?
Acarreando sus bien vividos 77 años en una silla de ruedas, la actriz Elizabeth Taylor batalla contra distintos males que la hacen entrar y salir de la clínica. Internada por estos días en Bel Air (California), no puede hacer vida social ni dedicarle tiempo a las fundaciones en que participa, pero acaba de encontrar una solución a su confinamiento: Twitter, la plataforma comunicacional online de última moda entre actores y políticos, de Hollywood a Bollywood y de la Casa Blanca a las oficinas de Piñera en Apoquindo 3000.
Twitteando —como le dicen los usuarios a este chateo o sus
actualizaciones, vía web o celular—, la Taylor logró reunir en pocos
días a 25 mil nuevos amigos, con quienes comparte sus últimas
experiencias: “Estoy degustando unos deliciosos tomates que crecieron
en mi patio’’, les cuenta; también pasa el dato: ‘‘Si están en Roma,
vayan a ver mis joyas a la retrospectiva de Bulgari en Il Palazzo delle
Esposizioni, la primera muestra de la marca en 125 años’’. Y aprovecha
de decirle al mundo que está internada ‘‘por rutina’’. Será.
En otro punto de Estados Unidos, una compañía de bomberos no tiene
tiempo para anécdotas; sus integrantes deben estar alerta las 24 horas
y descubrieron que a través de Twitter pueden recibir en sus teléfonos
móviles la señal de alarma ante un incendio. Ellos le dieron una
utilidad muy distinta a la de Liz Taylor.
En Chile, los candidatos presidenciales usan esta plataforma para
contar sus actividades del día, hacer comentarios y sumar adherentes,
la mayoría jóvenes que pueden recibir estas noticias en sus iPhones y
Blackberrys. Pero también es una herramienta que los expone: Sebastián
Piñera, un activo usuario, se convirtió en blanco de críticas twitteras
en abril, cuando fue a dar sus condolencias a la familia de la niña
baleada en un bus del Transantiago.
Distintos usos para un sistema que, pese a la masividad que puede
alcanzar y a los 500 millones de dólares que les estarían ofreciendo a
sus creadores, pocos saben para qué sirve y cómo funciona. Porque, a
diferencia de Facebook y sus cuatro millones de usuarios en Chile,
Twitter apenas cuenta con unos cuantos miles. Pero la nueva plataforma
gana terreno desde que Barack Obama, el popular presidente
norteamericano, decidió usarla.
TWITTER SIGNIFICA ‘GORJEO’ Y TIE-NE ÍCONO PLUMÍFERO. TAMBIÉN, UNA CONVERSACIÓN SUELTA, justo
lo que ofrece el sistema. Se autodefine como ‘‘un servicio para
comunicarse entre amigos, familiares o compañeros de trabajo, quienes
intercambian frecuentes y rápidas respuestas a una simple pregunta:
¿qué estás haciendo?’’. El actor Ashton Kutcher (muy popular, con 1.9
millón de amigos) sube fotos de su pareja Demi Moore en bikini y ella
se entretiene mostrándose (retocada) sin un diente; la cantante Britney
Spears revela nuevas fechas de conciertos y, cuando se aburre, su
publicista anuncia que ella está de vacaciones así que él la
reemplazará... Leonardo Farkas escribe a garabato limpio; obvio,
alguien se hizo pasar por él. Para otros, es simplemente una forma de
trabajo e intercambio instantáneo de información y datos.
El mundo paralelo de Twitter es un invento de Jack Dorsey, un
programador computacional de 32 años que trabajaba para una firma de
despacho a través de taxis en EE.UU. Un día de 2006, este obsesivo
computín dibujó en un block su gran idea: una especie de blog (páginas
personales donde uno escribe lo que quiere) con capacidad para 140
caracteres como máximo. ¿Por qué? Porque es el tope que permiten los
mensajes SMS del celular, que comenzaron a hacerse enormemente masivos
por esos días. La simpleza de su idea y la facilidad para operarla son
los secretos de este exitazo.
Un twittero básicamente cuenta qué hace a lo largo del día, o cuando
está conectado; también usa este sistema para subir fotos a través de
programas ‘primos’ como flickr, o música vía myspace. ¿Y para qué sirve
esta cosa que parece una nueva versión del obsoleto beeper? Para unos,
una red social; para otros, una herramienta de trabajo.
‘‘Nunca quise sumarme a una red social porque son muy demandantes
—cuenta Soledad Onetto—, apenas alcanzo a contestar la cantidad de
e-mails que recibo, pero hice una excepción (...) Twittear en vivo es
súper rico porque vas sintiendo qué temas motivan al público, con
cuáles enganchan y qué piensan de nuestro trabajo. O cosas más simples
como compartir las ganas de comer un Dominó’’.
La periodista Cony Stipicic también es usuaria y, aunque no está
convencida ‘‘si sirve tanto, tiene cosas atractivas: la instantaneidad
y el poder armar a tu antojo los grupos de personas que te interesan y,
al mismo tiempo, interactuar según tu gusto con quienes te siguen (gran
diferencia res
pecto de Facebook)’’.
La idea es estar actualizado todo el tiempo, por eso se convirtió en
herramienta fundamental para periodistas: además de Onetto, Iván
Valenzuela, Amaro Gómez-Pablos y Consuelo Saavedra (que reproducen las
noticias), otros tantos, menos conocidos, no se despegan de sus
celulares high tech, donde comentan noticias, blogs, se envían links,
datos, canciones...
Los candidatos presidenciales, en cambio, hacen proselitismo puro.
FREI: ‘‘COMO VARIOS HAN DICHO, SE NOS ADELANTARON, PERO NUNCA ES TARDE para
entrar en contacto con la tecnología’’, escribió en su estreno en
Twitter, el pasado 28 de abril... Desde entonces nunca más hizo nada
ahí. Los de su comando le abrieron otras cuentas para estar en contacto
con los twitteros, pero se nota que no es lo suyo y lo diferencia de
sus principales contendores. El candidato díscolo Marco
Enríquez-Ominami escribe que no pudo ir a hacer campaña a La Serena
porque el vuelo no partió. En su estilo, dice que este sistema
‘‘permite pensamientos simultáneos y sucesivos’’. Piñera, por su parte,
enumera los lugares que visitará en cada jornada.
Es que en política, estar en red se ha vuelto fundamental, pese a que
lo de la instantaneidad es hasta por ahí nomás. CARAS abrió una cuenta
para comunicarse con los candidatos (usuario pedroperezprado) y
preguntarles la razón de estar en Twitter. No respondieron ni jota.
Aunque algunos escriben sus novedades de puño y letra, no tienen tiempo
para contestar. Pero reciben rápido (y gratis) propuestas de sus
simpatizantes: ‘‘¿Qué nombre te parece mejor para una campaña de
inscripción?’’, pregunta Piñera a una seguidora (no sabemos qué idea le
dio...).
No se necesita investigar mucho para saber que, si lo hizo Obama, ellos
también deben... porque los jóvenes, que se cuentan entre los más
fieles del norteamericano en su campaña del año pasado, se volvieron
locos cuando él dijo públicamente que utilizaba su cuenta... la misma
que ya no puede manejar personalmente, porque no le da el tiempo y
porque los servicios secretos se lo prohibieron (y lo obligaron a
cambiar su antiguo celular ante la posibilidad de ser interceptado).
Los entendidos aseguran que este fenómeno recién empieza. ‘‘La red
social no sólo debe mostrar que es una gran herramienta (lo es, incluso
más allá de la moda), sino que además debe sobrevivir como modelo
—comenta Andrés Azócar en su blog—. Esta semana sus fundadores dijeron
que la publicidad no era el horizonte (por supuesto) de la compañía, lo
que nuevamente despertó los tres caminos más obvios de financiamiento:
como buscador, carrier y generador de contenidos’’. O sea, a dos años
de su lanzamiento ya es hora de reinventarse para convertirse en
herramienta de usuarios comunes y corrientes y no sólo de famosos y
periodistas. Es el reto pendiente.







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